Escaparates

Posted on diciembre 15, 2015

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“Uma Thurman se cambia la cara. Qué horrenda. Ah, no, al final no se ha operado, sólo se maquilló de una forma exagerada. Peor. Qué mal gusto”. “Las manifestantes de Femen protestan desnudas. Qué desfachatez. “¡Y las musulmanas! Los maridos las hacen cubrirse como si estuvieramos en la Edad Media”.

Este tipo de comentarios se propinan a diario a nuestro alrededor. Destaca el envoltorio, la superficie y no las ideas. Ciertamente la apariencia es importante. Comunicamos a través de la estética. Pero cuando esta se impone, cuando ya no es relevante qué diga o haga el sujeto sino que se le juzga solamente por su peinado o su forma de vestir, la persona deja de serlo y se minimiza en objeto, en mero escaparate. Se deja de concebir el cuerpo como vehículo del mensaje para pasar a ser el mensaje completo. Y sí, ejemplifico esta objetivización con comentarios dirigidos a mujeres a propósito. Son ellas y no ellos quienes los reciben de una forma más agresiva. Si sus cuerpos no coinciden con el cánon de belleza establecido pueden ser fácilmente blanco de las críticas, cosa habitual con las famosas en las revistas de moda, pero también con gente anónima. Nos criticamos, ya sea por exceso de pudor, como monjas o musulmanas que deciden cubrirse, o por falta de él al enseñar el cuerpo más de lo habitual. Se señala a la que manejar curvas desmesuradas o incluso nos mofamos de la que intenta entrar en el cánon de forma artificial, mediante la cirugía. Hay quien podría decir que esta situación está cambiando, que cada vez más hombres son valorados por sus músculos tonificados o despreciados por su barriga cervecera.

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Algunos pensadores de izquierdas afirman que la objetivización es consecuencia de esta sociedad capitalista, consumista, que no ama los cuerpos, que sólo los consume, porque sino no se entendería una portada en la que apareciera un joven en calzoncillos, que la objetivización tiene un bagaje económico. Sin embargo sigue siendo más difícil que ellos sean “floreros”. Lo demuestran las caras de sorpresa de distintos actores cuando BuzzFeed les preguntó sobre cuestiones insustanciales en una entrega de premios. ¿Cómo podían preguntarles de qué diseñador era su traje en lugar de interesarse por su última película? No deberíamos preocuparnos porque ellos lo encontraran frívolo. Al fin y al cabo, ¿no es normal que alguien se ofenda cuando se le trata de mostrador y no de persona? Si acaso deberíamos preguntarnos porqué mientras tanto la mayoría de las actrices, ya acostumbradas, contestaban cuánto tiempo habían tardado en arreglarse como si fuera lo más interesante que se les podía preguntar.

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