No entiendo

Posted on enero 15, 2016

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Por fin me decidí. Fui consecuente con mi prédica. Lo malo es que no salió como esperaba. O no exactamente. Le pregunté a mi monitora de zumba que si siempre ponía las mismas canciones, porque eran algo machistas. Puso cara de “no entiendo”, que “cómo que machistas?” y ella misma se respondió “ah, sexistas”. Me dijo que ella escoge las canciones que bailaremos en clase por los ritmos y no por la letra, que si tuviera que hacer eso perdería mucho tiempo y que que no lo creía de importancia, que “eso es una tontería”, que ella no se metía en eso de “sexismo”. Finalizamos la conversación cordialmente, insistí y repetí que se lo decía de buen rollo. Porque claro, la música, como cualquier tipo de comunicación no mata ni viola. Ninguna letra ha clavado un cuchillo en la garganta de una ama de casa. Ninguna estrofa te acorrala y te toquetea susurrándote al oído que te estés quietecita.

Pero una canción sí puede pedir a una mujer que se arrodille y la describe como una vaina loca o puede excusarse con que “le encanta la gasolina” para “darle más gasolina”. Y esto sí es violencia. Verbal, no física, pero igual de responsable de violencia que la segunda o más, porque la legitima. El discurso que se hace público no es inocuo y no debería considerarse inocente. Las violaciones, las vejaciones, las discriminaciones, los asesinatos también son consecuencia – aunque no inmediata – de perpetuar la concepción de la mujer como algo inferior, como una posesión o como un objeto del que se puede disponer. Y eso lo hacemos emitiendo mensajes. Mensajes que se encuentran en la publicidad, en los medios, pero también en los chistes, a literatura o la música.

¿Cómo podía esta monitora con, como mínimo, estudios medios, no ver la repercusión del mensaje de un acto comunicativo más, como es la canción? Que no estaba sensibilizada con la causa feminista es evidente, ¿pero acaso ella es totalmente culpable de no entender cómo se relaciona la emisión de mensajes con la violencia estructural? No. Los responsables somos nosotras, las personas que informamos. El trato que se da a los asesinatos por violencia machista en los medios puede ser muy criticable. Se puede echar en cara a la comunicadora que lo concibe como un caso aislado, que criminaliza la víctima o que excusa al maltratador. Pero lo peor a mis ojos es que por lo general no se define como un caso de una violencia estructural. No se le dice a la sociedad que el atacante – ya sea asesino, violador o maltratador – reproduce la violencia que se le ha ordenado ejercer. No se hace constar que el pensamiento dominante le legitima a insultar, a pegar, a despreciar. Pero los padres y los medios le han educado así desde pequeño. Expresiones como “pega como un hombre” o “si te da tú pégale más fuerte” se graban en nuestro subconsciente igual que tratar con normalidad que la madre reciba bofetadas diarias “porque se lo merece” por no obedecer al padre. Se graban igual que un anuncio con una mujer semidesnuda perseguida en la playa por una multitud de hombres aparentemente en celo o igual que la letra de una canción tan pegadiza como insultante.

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Estos son los mensajes que enviamos, como periodistas, publicistas, guionistas, letristas, cantautores, pero también como sociedad en general. Y si no solo seguimos reproduciéndolos, sino que no hacemos responsables estos discursos de la violencia física, especialmente hacia las mujeres, seguiremos sin entender qué causa, al menos en parte, esta violencia.

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Posted in: La meva opinió